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Historia personal no contada

15 febrero, 2020

En la entrada de hoy referirme a detalles de mi historia personal no contados sobre mi vida personal, como tuve la idea de preparar las exposiciones “Ferrocarriles del Ingenio” y “Reliquias de Hierro”, estará dedicado a mi madre, en fin voy a hablar de alegrías, sueños y resultados no esperados. No es una entrada dedicada 100% al modelismo pero las vivencias personales tienen que ver con las acciones y decisiones de nuestra vida.

DSC_0129 Israel Wilfredo Diaz Gómez WildyMi nombre es Israel Wilfredo Díaz Gómez, conocido por el seudónimo de Wildy como  fotorreportero de la revista Somos Jóvenes desde septiembre de 1979 hasta retirarme en mayo de 2019. Me gusta viajar, pero nunca tuve ni he tenido la idea de abandonar definitivamente mi país, donde quiero que mis huesos descansen por siempre. Como diría Polo Montañés: Puedo tomar un avión si me tengo que montar/ siempre voy a regresar, conmigo no hay confusión.

Mi primera salida de Cuba fue en 1991 a París, Francia, en funciones periodísticas. Fue una agradable experiencia conocer esa maravillosa ciudad europea, visitar el Museo del Louvre, la Torre Eiffel y otros lugares de interés, y al estar allá me sirvió para pensar en valores de nuestra cultura que podía convertirse en un proyecto personal a mi regreso a Cuba.

DSC_0770Ver en Paris tantos autos modernos —todos prácticamente nuevos— y los pocos antiguos conservados como valiosas reliquias, más el cuidado de los franceses por su patrimonio, me hizo entender porqué los extranjeros se maravillaban al llegar a La Habana al apreciar los carros antiguos circulando por las calles de la capital cubana. Algunos colegas de la fotografía habían trabajado el tema de vehículos clásicos norteamericanos, por eso pensé en buscar algo más lejano en el tiempo, menos conocido y muy interesante, aunque más complicado de realizar: las antiguas locomotoras de vapor vinculadas a la industria azucarera cubana.

 

Primeros encuentros

Mi juguete preferido cuando niño eran los trenes. Entre las primeras fotos que hice cuando se despertaba mi afición por la fotografía a los 12 años, estuvieron las fotos que tome a la locomotora de vapor de mi primo Pepito –maquinista del central Hormiguero, después renombrado Espartaco–. No tenía muchos conocimientos sobre el ferrocarril, pero comencé a buscar información sobre este tema.

Aunque las locomotoras de vapor del ferrocarril público con servicio de pasaje y carga habían sido sustituidas por máquinas diesel en los años 50, en los numerosos centrales azucareros del país se habían mantenido trabajando cientos de esos equipos de vapor, en su mayor parte de fabricación norteamericana, que servían principalmente en el proceso industrial para transportar la caña desde los campos hasta el central.

Para iniciar mi primer contacto con las locomotoras de vapor me fui en mis vacaciones de 1993 a la provincia de Granma durante la zafra en el mes de febrero, pues había gestionado permiso para llegarme a tres centrales gracias a mi amistad con Lino Luis Valerino Cambar, presidente de la Asociación de Fotógrafos de Bayamo. Había logrado hospedaje por tres días en el Hotel Sierra Maestra, en aquellos momentos solo disponible para lunas de miel y obreros vanguardias, y el resto del tiempo estaría hospedado en casa de mi amigo. El transporte fue difícil, escasos eran los ómnibus; tuve que moverme con mi cámara “pidiendo botella” en cualquier vehículo, o incluso, montado en las mismas locomotoras que deseaba fotografiar.

Los primeros centrales visitados fueron el Bartolomé Masó, Arquímedes Colina y el José Nemesio Figueredo. Aunque resultó complicado llegar a mis destinos, también lo fue regresar desde los campos de caña a Bayamo al concluir cada jornada.

Quedé fascinado por el tema que tenía frente a mí. Equipos con más de 80 años de servicio todavía activos, los obreros que los operaban y reparaban, el fuerte contraste de las máquinas en el campo, los paisajes. Baldwin, American Locomotive Company, Vulcan, nombres vistos en las placas de fabricación de las máquinas, comenzaron a resultarme familiares, y me surgieron nuevas preguntas sobre el ferrocarril cubano y esos equipos.

 

Ferrocarriles del Ingenio

Con mis primeras fotos al poco tiempo organicé una exhibición llamada “Ferrocarriles del Ingenio” en la Galería Provincial de Arte de Bayamo, y para la ocasión preparé una conferencia para explicar mi trabajo. Previamente busqué información en el archivo municipal sobre la llegada del ferrocarril a la zona, todo un acontecimiento, pues este medio de transporte impulsó el comercio y significaba desarrollo para la región. Por otra parte, había encontrado varias referencias redactadas por José Martí sobre el ferrocarril. “Allí estaba la rueda y la poesía de la rueda. Allí estaba la antigüedad que es siempre poesía”, escribió al reseñar una exhibición sobre material ferroviario en Chicago en 1884.

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Además de miembros de la Asociación de Fotógrafos de Bayamo, y el público habitual de la galería, acudió a la apertura de la muestra  un grupo de trabajadores ferroviarios de uno de los centrales, quienes probablemente, en su mayoría, visitaban ese centro de arte por primera vez. Llevar a la galería imágenes captadas en el trabajo cotidiano de sus máquinas, fue una manera de honrar y reconocer a esos obreros. Resultó un gran placer compartido mutuamente y uno de los recuerdos más emotivos vividos durante las numerosas exhibiciones que he realizado.

 

Por otra parte, aún mantengo la opinión que el sector del transporte ferroviario dentro de la producción cañera no ha sido muy destacado y reconocido públicamente. Observar las limitaciones de recursos en sus talleres y el empeño diario de los trabajadores para mantener las viejas locomotoras –incluidas las diésel- en funcionamiento merecía mayor reconocimiento, y también simpatía, cuando uno aprecia el cariño que sienten por los equipos con los que trabajan diariamente. “Tanto quiere el maquinista a su máquina como el árabe a su caballo”, al decir de José Martí.

 

 

La invitación a Suiza

Gracias a esa exposición, poco después conocí a dos jóvenes emprendedores suizos que deseaban organizar un grupo especializado en turismo ferroviario. Les ayudé a organizar el recorrido, lo cual me permitió acompañarlos a visitar más centrales azucareros y ampliar mi trabajo. A partir de nuevas relaciones fui invitado a Suiza por tres meses en 1996, para mostrar mi trabajo y conocer los ferrocarriles de ese país europeo.

La experiencia en Suiza fue maravillosa. Tenía previsto una exhibición y pude mostrar mis fotos en dos ocasiones gracias a la colaboración de personas que admiraron mi trabajo. Además, recorrí varios museos, asistí a una exposición de modelismo en Berna –otra de mis pasiones-, conocí una fábrica de locomotoras en su día de las puertas abiertas y viajé por todo el sistema ferroviario de esa nación.

Adolf Hungry Wolf es un autor independiente canadiense que estaba interesado en hacer un libro sobre el ferrocarril y nuestras locomotoras. Lo conocí en uno de sus viajes a Cuba y le acompañé en varios recorridos por los campos cubanos. Ese mismo año 1996 el edito el libro “Trains of Cuba” en el cual incluyo algunas de mis fotos a modo de presentación.

Si en Suiza –pensaba-, mi trabajo gustaba y había personas interesadas, no debía ser muy diferente en Estados Unidos, país donde se habían fabricado la mayor parte de los equipos captados en mis imágenes; locomotoras con más de 80 años, e incluso algunas con más de 100 trabajando aún como el primer día. Pensaba que podía ser mi modesta contribución al mejoramiento de las relaciones entre los dos países, mostrar equipos que formaban parte de la vida de muchos cubanos, cuidados con cariño. Tenían que ver con el pasado y seguían siendo parte del presente, y al igual que los antiguos autos forman parte del paisaje de la ciudad, la presencia de las locomotoras de vapor en el campo era una muestra viva y positiva de la relación Cuba – Estados Unidos.

Reliquias de Hierro

Al aumentar mis conocimientos sobre el ferrocarril cubano y los lugares visitados, organicé nuevas exposiciones. Había decidido cambiar el nombre de “Ferrocarriles del Ingenio” por “Reliquias de Hierro”, por ejemplo, “La Junta”, locomotora de vapor más antigua preservada en Cuba, no perteneció a ningún ferrocarril cañero, sino que sirvió en el ferrocarril público en Matanzas. El Ferrocarril de Hershey –el único eléctrico de Cuba-, además del transporte de caña se dedicaba al traslado de pasaje entre La Habana y Matanzas.

También existieron ferrocarriles bananeros, mineros e incluso el Presidio Modelo, en la antigua Isla de Pinos, tuvo un ferrocarril empleado inicialmente en la carga de materiales para su construcción y luego para trasladar prisioneros.

Nunca tuve mayores problemas para organizar mis exhibiciones y llevar mis fotos a diferentes lugares dentro de Cuba, excepto las dificultades típicas del transporte; por ejemplo, en Trinidad las cajas con las fotos enviadas por el expreso del ferrocarril no llegaron a tiempo, y hubo que posponer la muestra para el mes siguiente al previsto. Nadie me cuestionó que se me hubiera ocurrido la idea de trabajar y exhibir un tema, mostrando equipos norteamericanos y sin ocultar mi afición por esas antiguas maquinas.

 

La invitación a Miami

Mi primera solicitud de visa en la Oficina de Intereses de los Estados Unidos fue en 1992. “Yo estuve en Francia el año pasado” –le dije, eso no importa, me replico el funcionario norteamericano, y fui rechazado dos veces más en los años siguientes.

DSC_0772 Carta NMRAMe sentí muy feliz cuando recibí una invitación del Gold Coast Railroad Museum, que incluía además llevar mi exhibición a la Florida International University, ambos lugares en Miami. Daba por seguro la exhibición de mis fotos de locomotoras, podría visitar otros museos, conocería personas interesadas en el tema ferroviario, ampliaría mis conocimientos y relaciones, también oportunidad de asistir a algún evento de modelismo y visitaría a mi familia de sangre. No voy a ocultar que al hacer mis fotos había pensado que ese trabajo era la posibilidad de visitar los Estados Unidos y encontrarme con mis familiares.

Invitacion

No iría con las manos vacías. Tenía un trabajo para mostrar, pero no podía imaginar cuán diferente a mis expectativas resultaría la experiencia cuando me fue aprobada la visa y viajé a principios de 1999. No pensé que fuera una mala idea solicitarle a Adolf Hungry Wolf -el autor canadiense- alguna cantidad de copias del libro “Trains of Cuba” para presentarlo conjuntamente cuando se realizara la exhibición de mi exposición.

Wildy a 90 millas

Pero la fecha para apertura de mi exposición comenzó a ser pospuesta por diferentes justificaciones en el museo y la universidad. No aparecían patrocinadores, surgieron problemas con el presupuesto, etc. En el museo me dijeron: “Aproveche y visite a sus familiares”. Al pasar el tiempo fui comprendiendo que allí, algo tan natural como mi determinación de regresar a Cuba “complicaba” mi exhibición, pero si me quedaba los problemas se resolverían como por arte de magia (aunque ellos –los funcionarios del museo- nunca me lo expresaron directamente con esas palabras).

Me equivoque

Me decían que estaba en un país libre, pero en el Miami de 1999 para muchas personas la aceptación comenzaba por tener un alto nivel de hostilidad contra Cuba; incluso ocurría así con una parte de mis familiares. No pensaba ni pienso que en Cuba todo sea perfecto,  pero  mis opiniones y experiencias personales no eran muy apropiadas en aquel contexto hostil. Decir mi verdad era “propaganda comunista”, a pesar de mi esfuerzo para encaminarme a los puntos en común y no enfatizar las diferencias.

En el Nuevo Herald se podía leer en aquellos días cosas como esta, la primera del dueño de varias salas de cine: “En mis cines no permito pasar una película filmada en la isla, porque eso sería como abrirle una cabeza de playa al comunismo”. Otra persona decía lo siguiente: “No sé qué hacen los aviones norteamericanos bombardeando Kosovo, deberían estar bombardeando a Cuba para librarla del comunismo, pues, aunque mueran miles de personas, los cubanos que queden vivos de rodillas les darán gracias a los americanos por salvarlas de algo tan terrible”.

Nunca me imaginé las situaciones y las presiones a las que me vi sometido. Finalmente después se numerosas posposiciones, la directora del Gold Coast Railroad Museum me dijo que mi exposición estaba cancelada. “Una propaganda negativa puede hacernos más daño que el huracán Andrew”, huracán que había devastado esa institución años atrás. En la Florida International University no me cancelaron, sino que la pospusieron repetidamente de manera que tampoco se pudo efectuar. En Miami muchas personas me decían que allí yo era libre, y ha sido el único lugar donde me he visto impedido de exhibir mis fotos de locomotoras fabricadas fundamentalmente en Estados Unidos.

Yo había conocido algunas historias sobre Miami, pero nunca había imaginado verme ante tal intolerancia, que no pudiera exhibir fotos de un tema norteamericano en una ciudad de Estados Unidos. Realmente eso fue una de las peores situaciones que había pasado en mi vida, pero me equivoque al no imaginarme que aún me podría verme ante algo peor.

A pesar de poder visitar a mis familiares y recibir sus atenciones,  fue muy frustrante estar impedido de hacer algo que en ninguna parte me habían prohibido. También, y en contra de mis deseos, algunos familiares dejaron de relacionarse conmigo, mientras otros redujeron su vínculo al mínimo. Mi madre nunca dejó de brindarme su afecto, su cariño, ni rompió relaciones conmigo.

Yo pensaba que no tendría dificultades para vender el libro “Trains of Cuba” al exhibirse mi exposición, y compartiría lo obtenido con el autor. Pero al no realizarse la exposición tampoco pude presentar el libro y no se pudo realizar ninguna venta. Mi palabra y compromiso con el autor debido a la cancelación quedaba en entredicho. Una vez más fue mi madre fue quien me brindo su ayuda pues ella sabía que yo había dado mi palabra a ese señor. Ella saldo una deuda que no fue mi responsabilidad, de imaginar el menor problema no le hubiera pedido ni una copia del libro al canadiense.

A mi regreso a Cuba, “Reliquias de Hierro” fue exhibida en el salón de entrada del edificio del Ministerio de Transporte, en el Congreso Panamericano de Ferrocarriles en el Palacio de las Convenciones, en la inauguración del Museo del Ferrocarril en 2002, en galerías de arte, eventos y festivales de locomotoras de vapor en distintos lugares de Cuba.

También puedo decir que mis numerosas exhibiciones sobre tema ferroviario han pasado relativamente inadvertidas en Cuba, el trabajo no ha recibido ninguna crítica de arte y pocas han sido menciones en la prensa local o nacional.

En diciembre de 2009 creé mi blog Modelismo Cubano y RC (www.modelismocubano.com), sitio que ya tiene más 7940 mil visitantes y recoge una amplia muestra de la actividad del modelismo en Cuba, tanto estático como de radio control, aéreo, naval y terrestre.

Como modelista, en lo personal, después del año 2000 comencé la construcción de mis primeros modelos navales. No han dejado de gustarme los trenes reales o maquetas pero me resultaba bien frustrante lo sucedido en Miami.

DSC_8738 Yate Pilar

Mi persistencia en buscar aspectos positivos en las relaciones Cuba – Estados Unidos tiene como ejemplo que el primero de mis modelos navales fue la réplica del Pilar, el yate de Ernest Hemingway pues fue un norteamericano amigo de Cuba. También hice el CS13, el barco cazasubmarinos cubano construido en Estados Unidos, cuya tripulación entrenada en ese país durante la Segunda Guerra Mundial, el 15 de mayo de 1943 hundió el submarino alemán U-176. Entre los proyectos por realizar están los barcos de la Marina de Guerra Mambisa creada por Carlos Manuel de Céspedes en 1869.

Sailing CS 13

Foto CS 13 Original

Mi madre siempre fue inspiración y aliento para mis trabajos, nosotros a pesar de la separación y la distancia estábamos emocionalmente cerca uno del otro, pero ambos sufrimos la separación física a la que nos vimos sometidos. Ella conocía mi deseo de no ir a vivir ni a residir en ese país, aunque igual que yo deseaba que pudiéramos vernos con frecuencia, siempre respeto mi decisión sin presiones de ningún tipo, pero la separación nos fue impuesta a pesar de mis esfuerzos personales en tender puentes.

Siento orgullo de haber dedicado buena parte de mi vida a la revista Somos Jóvenes como fotorreportero, 40 años de trabajo dedicado principalmente a los jóvenes cubanos, así como por haber sido colaborador con otras publicaciones dentro y fuera del país.

CS 13 Cuban Subchaser

 

Un golpe bajo, muy bajo

Mi madre

Mi madre Zoila Gómez Mtz gustaba ser llamada Sara

A finales de 2015, un año después del restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, fui invitado para una visita familiar a ese país. En 2016 recibí una nueva la invitación pues mi madre deseaba que estuviera presente para su cumpleaños 90 el 14 febrero de 2017. Pero en ambas ocasiones fui rechazado.

En esas ocasiones de asistir a la entrevista en la embajada norteamericana pude apreciar cómo le era negada la visa a muchas personas mayores que por su edad no le quedan muchas oportunidades para poder visitar a sus familiares.

 

En mayo de 2017 recibí la siguiente carta del médico de mi madre:

 

Dr. Kenneth Strubb MDPA

2601 SW37 Avenue Suite 801

Tel: 305 569 9770

Fax: 305 5699773

Re: Zolia Gomez

Dob: 02/14/1927

 

A quien corresponda:

El mencionado paciente ha sido diagnosticado con linfoma de Células B con alta tarifa de mortalidad. No se sabe cuánto tiempo el paciente tendrá que vivir. Es fuertemente sugerido hijo, Israel Wilfredo Diaz Gomez, fecha de nacimiento 07/05/53, una oportunidad para venir a ver a su madre tan pronto como sea posible. Estoy pidiendo para que su oficina a tomar en cuenta este caso para que madre e hijo puedan tener un cierre antes de su salida. Si usted tiene cualquier pregunta por favor no dude en ponerse en contacto con mi oficina.

Gracias,

Dr. Kenneth Strubb

 

Carta del médico de mi madre 17 mayo 2017

Esta carta anunciando la próxima desaparición física de mi madre ha sido el mensaje más doloroso y perturbador que he recibido en toda mi vida. Aun así, debo agradecer al Dr. Kenneth Strubb por su profesionalidad y por su misiva, pues el sugiere lo que humanamente debe hacerse en un caso como este, con un diagnóstico y pronóstico que lamentablemente resultaría muy preciso.

De inmediato hice los trámites para una nueva solicitud de visa por este motivo, y presenté la documentación recibida.

Sarcasmo

Recibí cita para el 31 de mayo. Presente la carta del Dr. Kenneth Strubb ante el funcionario de embajada que tenía en sus manos la última oportunidad que yo viera con vida a mi madre, quien aún estaba lucida, aún no había sido hospitalizada, y llevaba años deseando verme nuevamente.  La respuesta fue una nueva negativa.  “Usted no califica”, “No es elegible”, me dijo el funcionario, quien me entregó un impreso que explicaba la opción para solicitar una visa humanitaria. No había terminado de leerlo y otra funcionaria de la embajada ya me estaba instando a abandonar el lugar de la entrevista.

Mi madre –sin tener a su lado un familiar acompañante en los últimos días de su vida- falleció el 8 de agosto de 2017. Uno de sus últimos sueños era verme y abrazarme. La última posibilidad de un reencuentro nos fue negada, al igual que lo había sido en tantos años. Fue un cruel castigo en doble sentido. A la solicitud de visa humanitaria que se había realizado previamente hubo respuesta negativa el 18 de noviembre.

Durante más de 20 años me han negado la visa, y cuando me la otorgaron en una ocasión me vi bajo una tremenda presión para que no regresara a Cuba.

Me pregunto si a los diplomáticos norteamericanos no les sonara algo en la cabeza al acumular tantas negativas de visas, y esa pudiera ser una de las causas de los supuestos ataques sónicos, aunque pude apreciar que cumplían con eficiente frialdad las decisiones de una política que ahora obliga a los cubanos viajar a otros países para cualquier trámite de viaje.

En Cuba, donde según dice el gobierno norteamericano se violan los derechos humanos, los reclusos, incluso los que cumplen las sanciones más severas, no sufren el castigo adicional de impedirles asistir al entierro de su madre.

También los norteamericanos tienen para sus reclusos que cumplen prisión la opción de licencia o “permiso de lecho de muerte”. Por lo visto yo he merecido menos consideración que un criminal convicto.

No me arrepiento del tiempo dedicado a preparar “Reliquias de Hierro”, incluso ahora mismo mis fotos se exhiben en una escuela de capacitación que tienen los ferrocarriles cubanos. Creo que es mejor trabajar por el diálogo, el entendimiento, la normalización de las relaciones que sembrar el odio y eternizar la confrontación, aunque personalmente llevo una herida que me acompañara por el resto de mis días.

Mi historia personal puede servir de ejemplo de cómo las acciones de Washington implementan de las más diversas formas una política que no repara en ocasionar daño a las personas, separación familiar, dolor y sufrimiento. El mayor daño emocional que he recibido en mi vida ha sido verme impedido de tener una relación normal con mi familia residente en ese país, con las reiteradas negativas de visa, especialmente con mi madre a quien ni siquiera me permitieron despedir en su lecho de muerte.

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